Generan ingresos, empleo y conciencia ambiental desde los distritos más altos de la ciudad

Un pulmón verde en medio de la adversidad

En respuesta a la crisis económica que atraviesa Bolivia, los artesanos floricultores de El Alto, agrupados en el Consejo Central de Federaciones y Asociaciones de Artesanos (COCEDAL), han encontrado una alternativa productiva y ecológica: la implementación de viveros ecológicos en distintos distritos de la ciudad.

Simón Quispe Aruquipa, ejecutivo de COCEDAL y afiliado a la Asociación “Claveles”, explicó que esta iniciativa no solo permite generar ingresos para cientos de familias alteñas, sino que también contribuye a la conservación del medio ambiente, en una ciudad caracterizada por su altitud extrema y sus condiciones climáticas adversas.

“Árbol es agua, árbol es vida y árbol también es oxígeno que oxigena. Es muy importante el arbolito”, remarcó Quispe.


Producción adaptada a la altura

En los viveros, ubicados en los distritos 4, 6, 7, 14 y otros, se cultivan especies forestales, frutales y ornamentales aclimatadas a los más de 4.000 metros sobre el nivel del mar. Entre ellas destacan la acacia negra, los olmos piramidales, pinos y sauces llorones.

El Distrito 14, en particular, es considerado un “pulmón verde” para la ciudad, por la gran cantidad de plantines que produce, los cuales posteriormente son llevados a plazas, parques y espacios públicos.

“Sin plantas no habría equilibrio ambiental”, agregó el dirigente, destacando la relevancia ecológica de esta actividad artesanal.


Construcción y funcionamiento de los viveros

Los viveros ecológicos están construidos con materiales adaptados al clima alteño, como agrofilm de 250 micrones, listones, callapos y en algunos casos paredes de adobe. Su diseño permite regular la temperatura y humedad necesarias para que las plantas prosperen incluso en condiciones climáticas extremas.

Además, los viveros no son solo espacios de producción, sino también de educación y sensibilización ambiental para niños y adultos, al tiempo que brindan beneficios adicionales para la salud mental.

“Estos espacios reducen el estrés y mejoran la salud mental. También promueven la educación ambiental en nuestra población”, sostuvo Quispe.


Impacto ambiental y ahorro de recursos

Desde el punto de vista ecológico, los beneficios son múltiples. Un solo árbol, explicó Quispe, puede absorber hasta 22 kilos de dióxido de carbono por año y eliminar el 70% de las partículas suspendidas en el aire. Además, los sistemas implementados permiten ahorrar hasta un 30% de agua, un recurso cada vez más escaso.


Una fuente de ingresos y empleo familiar

Los viveros ecológicos funcionan como verdaderas unidades productivas. En ellas participan tanto hombres como mujeres y sus hijos, quienes trabajan en la producción y venta de las plantas en ferias y mercados de la ciudad.

“Es una actividad ardua y continua, donde toda la familia aporta. En época de ventas también contratamos a más personas”, explicó el representante de COCEDAL.

Con esta iniciativa, los floricultores alteños demuestran que es posible enfrentar la crisis económica de manera sostenible, generando empleo, cuidando el medio ambiente y promoviendo una cultura de respeto a la naturaleza en una de las ciudades más altas del mundo.

EC/Andina